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06 Junio 2016 In Blog

El juego, es un acto que observamos en los cachorros de muchas especies y que se considera básico para el desarrollo físico y cerebral, y en los humanos también para el emocional y la construcción de la identidad y valores de nuestros cachorros.

El juego simbólico es como se llama al modo de jugar que tienen los niños cuando imitan el acto de servir un café aunque no haya líquido en la cafetera de juguete, cuando juegan a papás o a mamás o a los médicos. Es una forma de divertirse y también de experimentar el mundo adulto y desarrollar capacidades y actitudes de colaboración e intercambio con los compañeros de juego.

Pero el juego simbólico va más allá; tiene un componente sensorial importante que contribuye al desarrollo de ciertas habilidades que no aportan otro tipo de juegos, además ayuda al desarrollo de la imaginación, la creatividad, el intercambio, la negociación y genera placer. El niño explora los sentidos y sentimientos cuando abraza o mima a un peluche o peina a su muñeca favorita. Estos aprendizajes son cualitativamente diferentes a los adquiridos a nivel formal en la escuela o en otro tipo de juegos, virtuales, físicos, normativos o educativos.

Hoy en día es frecuente observar como los más pequeños acceden cada vez antes al mundo virtual a través de los juegos. A menudo están muy accesibles para ellos y a veces de manera poco supervisada y limitada por el adulto. El juego virtual no es “malo” en sí, pero se ha de acompañar y ayudar a los hijos a manejar el tiempo de uso y nunca sustituir el juego con otros niños de forma real.

El juego educativo también es importante, pero hay que tener muy en cuenta la edad. Un niño de dos años no accederá a actividades de números y lógica porque su etapa de desarrollo le pide una experimentación sensorial de su cuerpo y el de los demás. La sobreestimulación a la que los sometemos a veces  nos hacen pensar que es mucho mejor regalarle un correpasillos con letras o números o cubos encajables que uno que sólo tenga un pequeño cajón para transportar objetos, lo que, por su etapa evolutiva va a ser más útil.

Es necesario entender que el juego es una de las actividades más cruciales de la infancia y que es de vital importancia para el desarrollo físico y psicológico. La ausencia de motivación por el juego en un niño, a menudo es indicador de patología psicológica o emocional. No debemos olvidar complementar el aprendizaje formal en la escuela con el, tan importante y cada vez menos respetado, tiempo de juego.

Eva España Chamorro

Psicóloga Clínica Colegiada 22304

01 Junio 2016 In Blog

La separación de los padres es siempre para los niños una experiencia dolorosa. Salvo en contadas excepciones, a la separación llega después de decepciones, discusiones y mucha tensión en la vida familiar de la que el niño o la niña es testigo. Es importante tener presente que los padres se ven a sí mismos como ex parejas, pero desde la perspectiva de los niños siguen siendo percibidos de igual forma: como su papá y su mamá.

A continuación enumeramos algunas pautas que ambos padres deberían seguir para minimizar los daños que pueden derivarse del cambio que supone la separación en la vida de los niños:

 

1. Explicar la decisión de manera conjunta y explicar cómo quedará la situación a partir de ahora: con quién vivirán, como se organizarán, etc. "Papá y mamá vamos a dejar de vivir juntos, pero te seguiremos queriendo igual y seguiremos cuidándote..."

 

2. Eliminar la esperanza de reconciliación. Es normal que los niños pequeños no entiendan que la decisión es definitiva y sigan preguntando cuándo volverán a vivir juntos.

 

3. Eliminar sentimientos de culpa. Dejar muy claro que se trata de una decisión que toman los padres como "mayores" y que ellos están al margen, que no ha influido ni su comportamiento, ni su rendimiento en los estudios...

 

4. Favorecer la comunicación y la relación con ambos padres y las respectivas familias, y nunca hablar mal de la ex pareja.

 

5. Mantener informada a la ex pareja de las circunstancias más relevantes.

 

6. No sonsacar información. Los obliga a delatar al otro, a ser desleal y de alguna forma, a tomar partido por uno de los miembros de la pareja.

 

7. No tratar de comprar al niño o la niña para ganar su afecto o reconocimiento.

 

8. Consensuar y mantener unas normas básicas de educación al margen de con quien esté el niño.

 Elena Heras López

Psicóloga Clínica Colegiada 15880 

 

18 Abril 2016 In Blog

Planteamos una actividad para poder trabajar con vuestros niños/as sobre el reconocimiento de las propias emociones.

Muchas veces nos es difícil saber que nos pasa en ciertos momentos de la vida, y nos cuesta aún más poder ponerle nombre a nuestro estado.

La Caja de las emociones es una herramienta que ayuda a los niños y jóvenes a poder conocer las diferentes emociones y sobre todo poder asociarlas con los cambios que provocan en el cuerpo y en la mente ("el corazón late rápido", "me cuesta respirar", "no tengo ganas de hacer nada", "tengo ganas de hacer cosas", "sonrisas que no puedo frenar“...).

Se trata de construir una caja en la que podría estar escrito "te digo cómo me siento". Dentro aparecen varias cartulinas con el nombre de diferentes emociones con su descripción y los síntomas para poder identificarlas.

Diariamente, se dedica un rato en la que el niño o niña debe buscar dentro de la Caja una emoción con la que se ha sentido identificado/a en algún momento durante el día, pudiendo ser capaz, si es el caso, de asociar -lo con alguna situación que haya vivido. De esta manera estamos ayudando al niño a poder conocer y poder buscar herramientas, si lo necesita, para poder gestionar de manera adecuada distintas situaciones y estados en los que se va encontrando en el transcurso de la vida.

Neus Dalmau Arís

 

Psicóloga General Sanitaria Col. 21501

 

 

14 Marzo 2016 In Blog

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico caracterizado por la producción de movimientos repetitivos, estereotipados e involuntarios (tics motores) y la emisión de sonidos vocales involuntarios (tics vocales).

Los primeros síntomas del síndrome de Tourette se observan casi siempre a partir de la niñez, iniciándose generalmente entre los 7 y 10 años de edad.

El curso de la enfermedad varía entre pacientes. Los tics van y vienen con el transcurso del tiempo y varían en el tipo, frecuencia, sitio y severidad del tic. Así, aunque el síndrome de Tourette puede manifestarse como condición crónica con síntomas que persisten durante toda la vida, la mayoría de las personas que padecen de síndrome de Tourette presentan la máxima severidad de los tics durante los primeros años de adolescencia y van mejorando al avanzar hacia la fase más tardía de la adolescencia o al comienzo de la edad adulta.

Los tics a menudo empeoran cuando la persona está excitada, cansada o padece de ansiedad y se atenúan durante la realización de actividades calmadas o que requieren de concentración.

Existen medicamentos efectivos para aquellas personas cuyos síntomas interfieren con su funcionamiento diario. Sin embargo, debido a que los síntomas del tic no siempre producen discapacidad, no todas las personas con el síndrome de Tourette requieren de tratamiento farmacológico.

El tratamiento psicológico puede ser especialmente útil para ayudar a adaptarse mejor al trastorno y a manejar los problemas sociales y emocionales secundarios que a veces ocurren como consecuencia del mismo.

 

Anna Vilar Garcés

Psicóloga Clínica colegiada 19-395

 

 

01 Marzo 2016 In Blog

Es conocido por todos que en procesos de separación y divorcio, y no solo en el proceso sino durante los años de infancia y adolescencia de los hijos, aunque incluso en un inicio la separación haya sido amistosa ciertas actuaciones por parte de nuestra ex pareja que no prevemos y que nos resultan incorrectas van generando disputas entre los padres que acaban afectando al estado emocional y de conducta de los hijos.

En ocasiones, uno de los progenitores o los dos, realizan comentarios negativos a los niños sobre la vida del otro progenitor que generan confusión e incluso sentimientos de rabia/culpa/ responsabilidad en relación a la situación vivida. Muchos de estos comentarios o actitudes no son del todo conscientes y poco a poco vamos perdiendo el norte en este proceso. De hecho, muchas personas no entienden como ciertos padres pierden tanto la compostura o no controlan sus verbalizaciones. No obstante, si una situación se da tan a menudo y tiene tan alto índice de prevalencia, quiere decir que es un proceso difícil de controlar y que de manera paulatina nos vemos inmersos, incluyendo también la figura que tanto queremos salvar que es la de nuestros hijos.

A este concepto en el cual uno de los progenitores introduce creencias negativas, infundadas o no, acerca del otro progenitor, haciendo que el hijo crea estos actos de manera que acabe actuando en consecuencia, se le llama alienación parental. El conjunto de síntomas que el niño puede llegar a presentar producto de esta situación, se le llama Síndrome de Alienación Parental. No obstante, aunque el término alienación parental sí que está reconocido en el ámbito jurídico, en el ámbito científico no lo está, por lo que no está incluido en el manual de trastornos mentales (DSM-V) ni lo incluye la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aún así, el concepto y las características de las que hablamos sí que se pueden identificar, prevenir y solventar, con el objetivo de que los niños sufran lo menos posible en estos procesos y en los años que le quedan viviendo entre dos hogares.

A continuación, exponemos una serie de recomendaciones a tener en cuenta con el objetivo de perjudicar lo menos posible a nuestros hijos en un proceso duro en el cual los niños están especialmente vulnerables por los cambios sucedidos en sus vidas y por la situación de pérdida (dependiendo de la custodia) que pueden estar experimentando:

-          Si no tenemos buena relación con la madre o padre biológico del niño, intentar aparentar que sí que hay buena relación. Cuando nos llame, hablar de forma educada e incluso preguntar qué tal está, aunque la otra persona no esté por la labor al otro lado del teléfono. Nuestro hijo estará mucho más tranquilo si tiene la sensación de que sus padres se llevan bien aunque hayan decidido separarse.

-          No hacer verbalizaciones negativas sobre el otro progenitor delante de ellos; ni referente a actos o situaciones con las que somos críticos.

-          No desacreditar las pautas de conducta (castigos, refuerzos) hechos por el otro progenitor. Si apoyamos el disgusto del niño referente a una pauta o castigo que ha puesto el padre o madre, estaremos formando una alianza con el  niño que no siempre estará basada en la realidad. Cuando los niños ven que sus padres no están de acuerdo, aprenden muy fácilmente a aprovechar estas desavenencias en beneficio propio, de forma que no contaran toda la verdad o pueden tergiversar las informaciones para librarse de un castigo o para que se les apoye emocionalmente.

-          No entrar a hablar de temas económicos. Cada padre tiene una situación económica diferente y si entramos a comentar lo que la madre o el padre ha pagado o no ha pagado, el niño estará aprendiendo implícitamente a relacionar el valor económico con el valor emocional. Por ejemplo: “Mi padre me está diciendo que mi madre no me paga el colegio, con lo cual no se preocupa por mis estudios. Si mi padre se enfada tanto porque no me paga los estudios y eso quiere decir que no me quiere, yo valoraré que si en algún momento alguien no me compra algo que yo considero que necesito, eso quiere decir que no se preocupa por mí”.

-          Por último, y quizás la recomendación más difícil a seguir: aunque nos llegue que él o la expareja está hablando mal de nosotros lo mejor es no entrar al trapo a descalificar también al progenitor que ha iniciado la disputa. Lo recomendable es desmentir esa información sin entrar o rebajarse al nivel del otro. Hay que recordar que los hechos hablan más que las palabras, con el tiempo, nuestros hijos sabrán valorar el esfuerzo que haya hecho cada uno con sus respectivos hijos.

Andrea Garcia

 

Psicóloga col. Num. 19.844

22 Febrero 2016 In Blog

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que tiene una alta prevalencia. El TEA afecta la percepción y el procesamiento cerebral de la información. Del mismo modo que pasa con las personas neurotípicas o con el resto de trastornos del neurodesenvolupamiento, dentro del colectivo TEA hay personas muy diversas. 

Podemos encontrar en comorbilidad con Retraso Mental, con un QI dentro de la normalidad e incluso con QI altos y con talentos especiales.

 
Dentro de la diversidad de las personas dentro del Espectro Autista todas ellas muestran, en mayor o menor grado una alteración significativa en el desarrollo de las habilidades de la comunicación, el lenguaje y la relación social. Además, manifiestan intereses restringidos y conductas repetitivas y estereotipadas. 

 


Están demostrados los beneficios del diagnóstico precoz así como de una intervención psicoeducativa especializada y con cierta intensidad. Por este motivo, es muy importante que las familias de las personas con TEA se informen y se formen para contribuir en la intensidad de la intervención. Y dentro de las familias, los hermanos y hermanas juegan un papel muy importante. Os recomendamos el video “Mí hermanito de la Luna”:

https://www.youtube.com/watch?v=0HRD310kVOY

 

Olga Belmonte Vila

                                                                                                                                                                     Profesora d’EE i Psicopedagoga  Col·legiada 1388

                                                                                                                                   

04 Enero 2016 In Blog

Cuando vemos que nuestros hijos tienen dificultades en diferentes situaciones de su vida cotidiana, ya sea en casa o en la escuela, nos planteamos diversas preguntas relacionadas con si debemos preocuparnos o no por estas conductas: “¿Es normal para su edad hacer o decir esto?, “¿Los demás niños actúan o piensan igual?”,Desaparecerá esta conducta o dificultad con el tiempo?”, ¿”Yo era así cuando era pequeño?”.

 

Cuando se presenta esta preocupación algunos padres se responden a sí mismos diciendo “No, mi hijo no está loco y no necesita ir a un psicólogo” o “No, yo conozco a mi hijo mejor que nadie y lo ayudaré yo mismo/a”,  “A mi hijo no le pasa nada no tiene ningún trastorno” o “Ya se le pasará”.

 

Desafortunadamente, estos comentarios responden a ciertos tabúes que se han ido formando con los años debido a la incomprensión o desconocimiento acerca de las habilidades y funciones del psicólogo. No se trata de etiquetar como problema o trastorno cualquier cosa que les pase, sino que se considera que cualquier dificultad que esté influyendo negativamente en la calidad de vida de nuestros hijos es susceptible de ser tratada o intervenida.

 

A modo de ejemplo, planteamos la siguiente cuestión. “Si mi hijo es muy tímido y lo pasa mal cuando tiene que quedar con otros amigos o evita estas situaciones…¿tiene un problema?” Nosotros preferimos no hablar de “tener” un problema, sino que a este niño la timidez le está impidiendo relacionarse más y mejor y su vida sería más rica si mejorara la habilidad para relacionarse con sus iguales. Por lo tanto, ¿Por qué no proporcionarle ayuda?

 

Entonces, ¿por qué pueden ayudar los psicólogos? Porqué los psicólogos son profesionales que se han formado para analizar y entender qué le está pasando al niño o niña y qué estrategias o pautas debemos seguir para mejorar o superar esta dificultad.

 

El rol neutro del psicólogo facilita ese proceso debido a que es una persona que no está dentro de la vida de sus pacientes. No juzgan, no culpan ni se beneficiaran de las vulnerabilidades de los demás. La principal premisa que usamos en terapia para tranquilizar a todos los padres que acuden preocupados o nerviosos a nuestra consulta es que educar no es una tarea nada fácil y nadie nace sabiendo qué hacer en cada momento.

 

 

 

Andrea Garcia Cabrera

 

Psicóloga colegiada nº 19.844

21 Diciembre 2015 In Blog

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que suele afectar a adolescentes y muy especialmente al sexo femenino. Se caracteriza por una pérdida extrema de peso corporal, habitualmente secundaria a la reducción de la ingesta alimentaria, la realización de ejercicio físico intenso, la inducción del vómito después de las comidas o el uso de laxantes, diuréticos o comprimidos dietéticos. La persona con anorexia nerviosa experimenta una excesiva preocupación y miedo por aumentar de peso, así como una percepción distorsionada del propio cuerpo.

Algunos de los síntomas que suelen presentar las personas con anorexia nerviosa y que se suelen utilizar las familias como signos de alarma son los siguientes:

  • Preocupación excesiva por la composición calórica de los alimentos y por la preparación de los mismos.
  • Constante sensación de frío.
  • Reducción progresiva de los alimentos. 
  • Obsesión por la imagen, la báscula, los estudios y el deporte.
  • Negarse a mantener el peso en lo que se considera normal para la edad y estatura.
  • Utilización de trampas para evitar la comida.
  • Hiperactividad (estar en continuo movimiento).
  • Alteraciones en el humor: irritabilidad/depresión.

El mayor desafío en el tratamiento de la anorexia nerviosa es ayudar a la persona a reconocer que tiene una enfermedad. La mayoría de las personas que sufre este tipo de trastorno niega tener un trastorno alimentario.  Si sospechas que tu hijo/a podría estar sufriendo un cuadro de anorexia nerviosa es importante buscar ayuda profesional por parte de un especialista.

 

A continuación os dejamos algunos consejos de actuación en caso de tener un hijo/a con un diagnóstico de anorexia nerviosa:

1.     Evitar cualquier conversación o discusión relacionada con la alimentación y el aspecto físico del hijo/a afectado.

2.     Evitar comentarios centrados en el aspecto físico o peso del hijo/a, tanto negativos como positivos. Incluso un comentario positivo sobre un mejor aspecto puede ser interpretado como un signo de aumento de peso y producir una mayor restricción de la ingesta.

3.     EL hijo/a debe aprender a alimentarse de nuevo por sí mismo/a y asumir su responsabilidad en la resolución del problema. Es fundamental no discutir, exigir o suplicar para que coma ya que estos actos no suelen producir ningún efecto positivo.

4.     Mantener una actitud positiva para afrontar el trastorno. Culpabilizar al hijo/a o pensar en los errores cometidos como padres sólo sirve para general malestar y desánimo.

5.     Los progenitores deben mantener una actitud unitaria y homogénea para poder estar de acuerdo en la manera de afrontar los problemas y para marcar unas normas claras de su conducta.

 

 Anna Vilar Garcès

 Colegiada 19-395

08 Junio 2015 In Blog

La etapa adolescente ya es bastante compleja para cualquier chico o chica, y para los chicos/as con TDAH aún lo es más. Las irregularidades conductuales hacen que estos jóvenes presenten más dificultades a la hora de comunicarse, controlar impulsos, asumir límites y normas, identificar necesidades y aceptar su posición en el mundo adulto.

El TDAH no debe ser la "excusa" que disculpe las conductas inapropiadas. Es responsabilidad del adulto, conociendo las dificultades, el establecer normas y límites adecuados a la realidad familiar y social.

Las normas y límites han de ser:

-      claras, establecidas en el tiempo y de fácil aplicación: decidir cuáles son las prioridades y mantenerse firmes en la aplicación, aunque a veces estemos relajados o agotados.

-      Realistas: es decir, ajustadas a la realidad del adolescente y la dinámica familiar

-      Tener consecuencias: consecuencias ajustadas a la norma establecida y que sean la respuesta de continuidad o eliminación de privilegios.

-      Cohesión parentallímites determinados, mantenidos y gestionados por igual por el padre y la madre. La misma respuesta ante una conducta transmite seguridad. 

El adulto pone las normas y los límites pero evitará la repetición constante. Evitad estar encima constantemente, repitiendo y recordando, manteneos seguros, constantes, sed claros; hacedles saber cuánto los queréis y aplicad consecuencias

 

 

                                                           Marta Orozco i Pérez,

Psicopedagoga y Maestra. Col. 768

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